El mito de Afrodita y Ares, la unión de belleza y guerra
El mito de Afrodita y Ares es muy interesante por diversas
razones. La primera de ellas, porque nos habla de un tema que es recurrente en
la mitología griega: el extraño vínculo que existe entre la belleza y la
guerra. Estos dos dioses mitológicos consagran esa asociación.
El mito de Afrodita y Ares es uno de los más interesantes de
la mitología Griega. Digamos primero que Afrodita era la diosa de la belleza y
del amor sexual. Había nacido del mar y su belleza era superior a la de
cualquier criatura. Todos los que la veían, dioses y mortales, quedaban
prendados de su hermosura y ella lo sabía. En parte, por eso era muy vanidosa.
Ares y Afrodita
Hefesto, dios del fuego, de la forja, de los herreros y de
los artesanos, era uno de los que amaba a Afrodita en secreto. Hefesto era hijo
de Hera y de Zeus, dios de dioses. También era todo lo contrario de Afrodita:
una criatura poco agraciada. De hecho, según el mito de Afrodita y Ares, cuando
Hefesto nació su propia madre se molestó con su fealdad y lo expulsó del
Olimpo.
Hefesto era cojo y jorobado. Tenía un aspecto descuidado y
desagradable. Ante el rechazo humillante que recibió de su propia madre,
decidió vengarse. Por eso construyó en su taller un trono mágico y mediante
engaños consiguió que Hera se sentara allí. Al hacerlo, ella quedó atrapada sin
poder moverse.
Hefesto y Afrodita
Ante las súplicas de Hera, Hefesto puso una sola condición
para liberarla: que los dioses le dieran a Afrodita como esposa. Zeus le
concedió el deseo. Cuenta el mito de Afrodita y Ares que a la diosa de la
belleza no le hizo ninguna gracia la situación. Detestaba a Hefesto porque no
era hermoso como ella.
Hefesto trataba sin descanso de ganarse el afecto de
Afrodita. Diseñaba para ella hermosas joyas en su taller. Sin embargo, ella no
tenía ningún interés en el dios del fuego. Por el contrario, cada vez que
podía, le era infiel con otros dioses, e incluso con mortales, sin que su
esposo se diera cuenta.
Por otra parte estaba Ares, dios de la guerra, de la
violencia, de la virilidad masculina y defensor de los más débiles. También era
hijo de Hera y Zeus. A diferencia de Hefesto, tenía una figura muy hermosa.
También tenía debilidad por las diosas y las mujeres. Nunca se tomaba la
molestia de conquistarlas, sino que simplemente las hacía suyas.
El mito de Afrodita y Ares
Según lo que señala en mito de Afrodita y Ares, cuando el
dios de la guerra se encontró con la diosa de la belleza, se enamoró
perdidamente. A diferencia de lo que hacía con sus otras amantes, decidió
cortejarla. La llenaba de regalos y halagos para ganar su amor. Los dos pasaban
mucho tiempo juntos, hasta que Afrodita le correspondió plenamente.
Hefesto, su esposo, pasaba todas las noches en su taller de
forja. Los dos amantes aprovechaban esta situación para amarse hasta el
amanecer. A Ares siempre le acompañaba un joven llamado Alectrión. Él se
quedaba vigilando la puerta. Su misión era avisarles en qué momento aparecía
Helios, el Sol, en el horizonte. Helios todo lo veía y ellos debían mantener su
romance en secreto.
Para los griegos, cualquier dios o diosa podía tener todo
tipo de escarceos amorosos con quien quisiera. Lo que no estaba permitido era
tener un solo amante y mantenerlo, es decir, una infidelidad formal. La
relación que sostenían Afrodita y Ares era precisamente eso.
Hefesto se entera
El castigo
Todo andaba bien, hasta que un día, Alectrión, cansado de la
rutina diaria, se quedó dormido mientras vigilaba. Por eso no pudo avisar que
Helios ya estaba ahí. Este último vio a los amantes entre las mismas sábanas en
las que Afrodita dormía con Hefesto. Lleno de indignación, buscó al dios del fuego
y se lo contó todo.
Cuenta el mito de Afrodita y Ares que Hefesto se sintió
herido en lo más profundo de su corazón. Como era costumbre, solo pensó en
vengarse. Para hacerlo, diseñó una fabulosa red de hilos de oro. Eran tan finos
que no se veían, pero al mismo tiempo eran extremadamente resistentes.
Valiéndose de artimañas, dejó la red de hilos de oro sobre la cama. Luego le
dijo a Afrodita que se iría de viaje.
Ares, que siempre estaba al tanto de lo que hacía Hefesto,
aprovechó la ocasión para ir inmediatamente a ver a Afrodita. Cuando se estaban
amando, la red de hilos de oro cayó sobre ellos y los atrapó. De inmediato,
Hefesto se hizo presente y convocó a todos los dioses para que se hicieran
presentes. Estos se rieron tanto de la situación, que su carcajada pareció
eterna.
Después, los amantes fueron liberados y cada uno de ellos
tuvo que ir a un lugar diferente. Ares castigó a Alectrión convirtiéndolo en
gallo y haciendo que cantara cada vez que apareciera el Sol. Del amor entre los
dos dioses nació Eros, el dios del amor romántico. Ares y Afrodita no podían
volver a verse, pero incumplieron la norma: tuvieron siete hijos más.
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